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La Obra

Dos mujeres Dominique y Caroline, comparten la misma celda. Dos mujeres que en otra situación jamás se hubieran conocido. Pasaran de la indiferencia a la violencia para finalizar en una profunda amistad. No se trata de una amistad demostrativa, sino de una amistad que nace del pudor, de lo que no se dice. De ese genero de mentiras que no se pueden olvidar ni hablar de ellas, ni se pueden evocar para que no produzcan resentimiento.

Dile a mi hija

El lienzo entero de la obra se cuenta a través del lenguaje del cuerpo, sus silencios, sus secretos, sus manías, sus obsesiones. La escritura del gesto será de esta forma tan importante como la de los diálogos. Paradójicamente, todo esto no excluye el humor. El humor que las hace sobrevivir y soportar el absurdo de ciertas reglas.

En el universo carcelario, el tiempo es un personaje importante. ¿Cómo tener la idea del exterior?, ¿del frío, ¿del calor? ¿De las estaciones que pasan?

Solo hay una abertura, una ventana que deja entrever un pedazo de cielo. Es a través de esta ventana donde podremos ver el paso del tiempo. De la luz eléctrica del día a las noches que no terminan nunca.

En prisión el silencio no existe y es por eso que la partitura sonora se convierte en un personaje muy importante. Las tazas que golpean el muro, los cantos, el sonido de los pasos, las llaves, las puertas. Todo esto hará comprender que si ellas son dos en una celda, fuera sigue un mundo vivo. No se trata de encerrar la pieza en un estilo intimista.

Yo he querido contar la vida de estas mujeres que representan a muchas otras. Detenerme un momento en ellas. Compartir su coraje cotidiano que constantemente les pone a prueba.

Denise Chalem