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Los locos y el teatro

La locura ha tenido y tiene diferentes interpretaciones y significados para las diversas culturas y civilizaciones que han existido en la historia de la Humanidad. En Europa, particularmente en la Edad Media, el loco estaba considerado como un ser poseído por el Mal y, en consecuencia, era objeto de exclusión o de reclusión, confinado sin remedio de por vida en lugares alejados de los núcleos de población, o en las famosas “Naves de los locos” donde recibían un trato bestial e infrahumano.

Locos de Valencia

Con la emergencia del Renacimiento y de las ideas y la moral humanistas, la sociedad sufrió una transformación en todos los ámbitos, entre otros en la interpretación de la locura como enfermedad y en el tratamiento de los locos. Por una parte, la oposición moral cordura-locura empezó a cuestionarse, como da fe de ello el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam. Por otro lado, comenzó a considerarse la locura como una “enfermedad del alma” y se empezaron a construir y a habilitar los primeros “Asilos y Hospitales de locos” a cargo de Instituciones públicas y de Ordenes religiosas. A partir de finales del siglo XVI en varias obras clásicas, españolas en particular, se representa la locura en el marco de un Hospital de locos. No es ninguna casualidad, ya que las primeras instituciones reservadas a los locos se fundaron precisamente en la Península a principios del siglo XV, siendo el Hospital de locos de Valencia una de las primeras (1409). El marco alegórico de un Hospital sirve de ámbito para recrear libremente diversas figuras del Mundo, creando una auténtica tradición teatral.

Por otra parte, existen pruebas documentales que atestiguan que los administradores exhibían a los locos como objeto de curiosidad y de diversión. Los honrados ciudadanos podían entrar a visitar el asilo y divertirse contemplando a los internados. Esta práctica llevó a que se desarrollara un “estilo” dentro de estas representaciones, en las que los locos seleccionados para estas puestas en escena exhibían, convenientemente caracterizados, los “temas” que eran propios de su locura. Además, los más pacíficos participaban en las fiestas folklóricas haciendo cuestaciones, disfrazados de locos, en ocasiones tales como la Navidad, la Pascua y sobre todo durante los Carnavales.

Sin duda, durante la estancia de Lope de Vega en Valencia, éste tuvo oportunidad de conocer todas estas prácticas señaladas.