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Versión y dramaturgia

Locos de Valencia

“Los locos de Valencia” tiene una serie de peculiaridades que la convierten en una de las obras más originales de la producción teatral de Lope. Ubicada dentro de las conocidas como comedias burlescas, esta obra reúne las características propias del género: acumulación de disparates, quiebra de toda lógica, parodia constante, desarticulación grotesca y, como se ha dicho antes en el artículo anterior, las particularidades propias de la obra como son el tema de la “locura fingida” y el de “el mundo al revés”.

Lope viene a decirnos que el enamoramiento es un estado de locura, la “locura de amor”, que describe con lirismo a la vez que con una gran ironía. Al situar una historia de amor en un manicomio, donde por determinadas circunstancias se encuentran refugiados los protagonistas de la obra, pone en marcha una serie de recursos teatrales de primera categoría: la ilusión referencial respecto del universo cerrado del Asilo de locos que recibe el espectador, la locura fingida y las situaciones cómicas que se derivan de la dualidad fingido-verdadero, la subversión del orden establecido dentro del Hospital de locos, el descalabro ético entre el juicio moral sobre quién es el loco y quién es el cuerdo, las alusiones eróticas continuas, la progresión de la intriga por acumulación de enredos, y el teatro dentro del teatro en el más puro estilo carnavalesco.

La versión del texto que proponemos debe contribuir a la clarificación de la obra, cambiando aquellos términos incomprensibles para el público actual y que son fundamentales para la comprensión del argumento y de la acción. Debe también aligerar el texto en lo que se refiere a reiteraciones, descripción de hechos o anécdotas solo asequibles al público contemporáneo de la obra y, asimismo, tratar de sustituir las referencias chistosas que no produzcan el efecto cómico esperado por otras, labor nada fácil por otra parte. Además debe aligerar los largos monólogos que cuentan antecedentes o sucesos y reducirlo a la información exclusiva que el espectador necesita. Lo mismo sucede con los diálogos amorosos en los que hay que aligerar y recortar los parlamentos cargados de retórica.

Por último, hay que considerar que, siendo ésta una obra de juventud, el autor “descuida” un tanto, cosa que por otra parte es bastante frecuente en el teatro español del Siglo de Oro, el “ambiente” del espacio del manicomio. Es bien cierto que en el teatro de esta época casi todas las referencias de tiempo y lugar están contenidas en el verso pero, no obstante, creemos conveniente construir una dramaturgia, apoyada en los habitantes del asilo, los locos y el personal de servicio, que contribuya a dinamizar la acción, a reforzar las sucesivas y diferentes atmósferas y a eliminar ciertos “huecos” de la peripecia, mediante la inclusión, si fuera preciso, de textos y canciones adicionales con este propósito.