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Hace unos días, en estas mismas páginas, afirmábamos que durante los ultimos 10 años y dentro del panorama escénico catalán referido a la danza, no se había producido ningún lógico y deseable recambio generacional. Contábamos también que únicamente se han consolidado un par de nuevos nombres con suficiente entidad y capacidad de proyección, tanto interior como exterior. Pues bien, uno de ellos es, sin lugar a dudas el de Marta Carrasco. Con Ga-Gà ha rubricado esta afirmación de forma apabullante.
A nivel de discurso, no es que en este espectáculo haya grandes novedades: seguimos encontrando esa cantidad de rebeldía interior de todos su galería de personajes marginales y surrealistas.Lo que sucede es que en otras ocasiones le han salido piezas con un tono más crudo, más descarnado, más angustiante y obsesivo: Ga-gà tiene un verdadero hallazgo y es el del formato, el cabaret circense, con el que el lucimiento de sus freaks llega desde un punto de vista más fresco, con una aúrea más lúdica, con un trazo menos negro y menos denso, enmarcados en el modelo histórico de los circos originales ambulantes donde la mujer barbuda o las hermanas siamesas, los marginados de la época ocupaban un lugar destacado. Marguit, Marguet, Lou, Mirandolina y Nunó son personajes de carne y hueso, próximos a todos nosotros, muy cercanos a todas nuestras debilidades y carencias, y eso queda claro al final del espectáculo cuando reaparecen cada cual con su propio cartelito identificativo. Antes, por eso, a todos ellos y en la línea del cabaret, se les pide que salten la valla de lo común, que sean ellos mismos sus propios transformistas. Nuno, el conductor del espectáculo, el presentador y maestro de esta maravillosa ceremonia escénica, no hace más que reír, con su mueca forzada, con sus constantes interpelaciones al público, en un gesto tragicómico preñado de desesperanza, pero a ratos enternecedor: donam la mà, la mà... mamà... En un incesante correr y descorrer cortinas, hace aparecer a todos esos deformados que engullen a quien se acerque a ellos, que se comen sus narices, que se retuercen, crecen y decrecen, cuya alimentación llega asistida por un gota a gota espeluznante.La aparición de la más poética de las vaginas, un organismo lleno de vida e intenciones, clitoris incluido resulta apabullante. Si a este cabaret le faltaba un pincelazo político, el patufet de la barretina y la banda de las cuatro barras también suman. El trabajo coloca la trayectoria de Marta Carrasco a un nivel de excelencia difícilmente superable. |