|
Poco o nada tiene que ver la Marta Carrasco de Aiguardent (1995) o Blanc d´ombra (1998) con la que emergió en Mira´m (2000), creció en Etern? Això sí que no (2003) y que se doctora cum laude con Ga-Gà, un peculiar cabaret cuya estructura dramática se ajusta perfectamente a esa técnica de sucesión de cuadros vivos de gran plasticidad que Carrasco utilizaba y utiliza. Las desconcertantes figuras surgidas del imaginario de la coreógrafa se mueven en una tersa y velada iluminación (Ignasi Camprodon) y sobre el colchón de una magnífica banda sonora (José Antonio Gutiérrez) que actúa como auténtico director de orquesta del espectáculo para marcar ritmos y silencios. Jacques Brel, René Auvry, Mastreta, Alberto Iglesias, Mendelsohn o Shigeru Umebayashi (compositor de la película 2046)suenan sobre unas imágenes en las que se mezclan referencias iconográficas al viejo Magic Circus, a Philippe Genty o a David Lynch, de quien incluso se utiliza la canción The best (David Cavanaugh) del filme Mullholand Drive.
Los seres atrapados de Mira’m, perdidos en Etern?... encuentran entre la cortina roja de terciopelo y las bambalinas de tul el espacio para mostrarse, para pedir cariño. La infancia, tan presente en los espectáculos citados, se manifiesta en toda su contradicción desde el inicio, cuando los cinco intérpretes se tiznan la cara como torpes clowns mientras suena Fils de Jacques Brel. Nuno (Xavi Sáez) es el presentador y el único que tiene el don de la palabra. Todos ríen gracias a los goteros de los que inhalan el aire de la risa; todos juegan con narices de payaso. Tienen algo de los follets pero sus movimientos rotos, renqueantes (uno de ellos lleva un zapato de plataforma en una pierna y la otra es ortopédica), convulsivos, les restan belleza. Son imperfectos, extraños seres de un cabaret alucinado al que uno no se puede acercar con la razón ni el entendimiento. Ga-Gà es un proceso de sugestión casi perfecto que exige una actitud abierta al espectador en la medida que llega desde el inconsciente de la creadora y se dirige al del espectador. Ga-Gà se enmarca dentro de un teatro visual del que ya han desaparecido incluso las frases coreográficas, excepción hecha de la imprescindible bailarina flamenca que baila cual juguete roto. Quien recuerde la risa imposible de Fuensanta Morales en el final de Etern?... sabrá de dónde nace Ga-Gà. |