A propósito de La señorita Julia. Al terminar su obra, publicada en noviembre de 1888, Strindberg la presentó como “tragedia naturalista” y escribió un prólogo en el que justifica tanto las características de la misma como paradigma del naturalismo, como sus intenciones dramatúrgicas al concebirla y llevarla al papel. En este prólogo, de gran interés, no sólo para conocer las ideas y recursos teatrales de su autor, Strindberg nos brinda uno de los textos más misóginos de la historia del teatro, así como la influencia de las ideas filosóficas, literarias y científicas de la época: La teoría de la evolución de las especies de Darwin, el concepto de superhombre Nietzscheano, la lucha de clases, la lucha de sexos, los movimientos feministas revindicando igualdad de derechos para la mujer, Mesmer y la hipnosis, Zola y sus procedimientos de analizar la vida tal y como se presenta, profundizando en la realidad psicológica de los personajes… Todos estos referentes que están explicitados en su prólogo bastarían para justificar la vigencia contemporánea de esta pieza, una de las más representadas de su autor. Considerado el teatro como espejo de la sociedad de su tiempo, en La señorita Julia podemos ver actitudes, ideas y creencias propias del s. XIX, imprescindibles para entender nuestro momento presente. Produce un cierto escalofrío la lectura de este prólogo considerando que a sólo cinco décadas del exterminio nazi, Strindberg hace un alegato en contra del sexo contrario y a favor de la depuración de la especie. Su intención es presentar en este texto una simple demostración científica de la supervivencia del más apto. El héroe y la heroína - tan “reales” como la gente real -, están concebidos con una historia psicosocial elaborada y determinados por la herencia y el ambiente. Estos son los contrincantes tal y como los presenta Strindberg en su prólogo (extractos): “La señorita Julia es un personaje, un carácter, moderno porque la mujer a medias, la que odia al hombre, no halla existido en todas las épocas, sino porque es ahora cuando ha sido descubierta, cuando ha salido a la luz y ha empezado a meter ruido. Víctima de la herejía (que ha conquistado también mentes muy lúcidas) de que la mujer, esa forma raquítica del ser humano que está entre el niño y el hombre, o podía llegar a serlo, se lanza ella a la búsqueda de una meta insensata, lo que provoca su caída. Insensata porque una forma raquítica, regida por las leyes de propagación de la especie, siempre seguirá naciendo raquítica y nunca podrá alcanzar al que tiene ventaja según la fórmula: A (el hombre) y B (la mujer) parten ahora del mismo punto C; A (el hombre) a una velocidad de 100 kilómetros por hora, por ejemplo, B (la mujer) de 60. ¿Cuándo, pregunto ahora, alcanzará B a A? Respuesta: ¡Nunca! Ni por medio de la igualdad en la enseñanza, igualdad de voto, o desarme, o temperancia, de la misma manera que dos líneas paralelas no llegan a encontrarse nunca. La mujer a medias es un tipo de mujer que se abre paso a codazos, que se vende ahora por el poder, medallas, condecoraciones o diplomas, como antes lo hacía por el dinero, lo que denota una cierta degeneración. No es una buena especie, pues se va a extinguir, pero desgraciadamente transmite su miseria a la siguiente generación; y los hombres degenerados eligen inconscientemente entre ellas, de manera que se reproducen, dando a luz seres de sexo incierto a los que la vida martiriza. Afortunadamente sucumben, bien sea por grave desavenencia con la realidad, bien por la desenfrenada irrupción de los instintos reprimidos, bien por la frustración de las esperanzas de alcanzar el nivel del hombre. El tipo es trágico y nos ofrece el espectáculo de una desesperada lucha contra la naturaleza, trágico como una herencia del romanticismo que ahora está dilapidando el naturalismo, que sólo busca la felicidad no es de estas especies, sino de las fuertes y sanas. Pero la señorita Julia es, también, un resto de la antigua nobleza de las armas, que ahora debe dejar paso al avance de la nueva aristocracia de la energía y la inteligencia. Una víctima, también de la desavenencia que el “crimen” de una madre provoca en una familia; una víctima de los errores y de la confusión de la época, de las circunstancias, de su frágil constitución, lo que, todo junto, equivale al Destino o la Ley Universal de épocas pasadas.” “Juan, el criado, es el fundador de una espacie, un ser en el que se aprecian las características que explican el salto en la evolución de las especies. Es el hijo de un campesino sin tierras y se ha ido educado con visitas a su futuro cono caballero. Tiene una gran facilidad para aprender, unos sentidos muy finos (olfato, gesto, vista) y un cierto sentido estético, Ya ha comenzado su ascenso y es lo suficientemente fuerte como para utilizar los servicios de otras personas en su provecho son sufrir lo más mínimo. Se diente ya extraño en su propio entorno, entre los de su clase, a los que desprecia como pertenecientes a una etapa ya superada, pero, al mismo tiempo, los teme y rehuye porque conocen sus secretos, adivinan sus proyectos, observan con envidia su ascenso y aguardan ilusionados su caída. De ahí su carácter doble, indeciso, vacilante entre su amor por las alturas de la sociedad y el odio hacia las personas que se encuentran allí. Es, cono él mismo dice, un aristócrata. Ha aprendido los secretos de la buena educación, pero bajo esa capa de refinamiento, es basto; sabe llevar su levita con elegancia, sin poder garantizar la limpieza de su cuerpo. Tiene respeto por la señorita, pero teme a Cristina, ya que ella conoce sus peligrosos secretos; es lo suficientemente insensible como para no dejar que los planes de su futuro. Con la brutalidad del esclavo y la insensibilidad del señor puede contemplar la sangre sin desmayarse, puede echarse un contratiempo a la espalda y dejarlo luego rodar por tierra sin el menor problema; por eso sale indemne de la batalla y terminará, probablemente, de hotelero. Y si no llega a convertirse en conde rumano, su hijo probablemente será bachiller y hasta puede llegar a ser recaudador de contribuciones. En todo caso, nos da información bastante importantes sobre la concepción de la vida vista desde abajo, de las clases inferiores –cuando dice la verdad, lo cual no ocurre con frecuencia, ya que le interesa mucho más exponer lo que le es favorable que lo que es verdad-. Cuando la señorita Julia lanza la suposición de que las clases inferiores sienten la pesada opresión de los de arriba, Juan, naturalmente, asiente porque le interesa ganarse la simpatía de ella, pero al darse cuenta de la ventaja que le representa separarse de la chusma corrige rápidamente su afirmación. Juan se encuentra en un momento ascendente, pero no es por eso sólo por lo que es superior a la señorita Julia, sino también porque es hombre. Por su sexo es un aristócrata. Es su fuerza masculina, su virilidad, sus sentidos finamente desarrollados y su capacidad de tomar la iniciativa lo que dan ese título. Su inferioridad reside, sobre todo, en el entorno social en que se encuentra y que probablemente podrá abandonar cuando deje la librea de criado. Su mentalidad de esclavo se expresa en la veneración por el conde (las botas) y su fe de carbonero en materia religiosa. Pero venera al conde como detentor de una alta posición a la que aspira. Y esta veneración persiste aún después de haber conquistado a la hija de la casa y haber visto lo hueca que estaba todo detrás de la bella fachada.” “Finalmente, Cristina es una esclava, rebosante de servilismo, de indolencia adquirida ante el fogón, animalmente inconsciente en su hipocresía, atiborrada de moral y religión que le sirven de camuflaje y de chivo expiatorio, ¡lo que el fuerte no necesita hacer puesto que puede asumir su culpa o justificarla con su razonamiento! Va a la iglesia para descargar sobre Jesucristo, con rapidez y facilidad, sus robos domésticos y procurarse una buena dosis de perdón.” Nuestro montaje se basará en potenciar las intenciones de Strindberg al mostrar como experimento el enfrentamiento de los personajes en una situación límite, en un contexto específico - la noche de San Juan – y en un momento histórico determinado: inicios de 1900. Pero no es sólo el experimento sociológico lo que le interesa a Strindberg. El desarrollo psicológico de los caracteres, la progresión de la acción dramática enraizada en las causas, los motivos para entender a los personajes: sus decisiones y reacciones ante los acontecimientos. “… la razón de ello es que he creído observar que a los hombres de nuestro tiempo lo que más les interesa es el proceso psicológico de la acción y que nuestras almas inquisitivas no se satisfacen con ver que algo pasa sino que exigen saber cómo pasa. Queremos ver los hilos, la maquinaria, escudriñar el cajón de doble fondo, tocar el anillo mágico para encontrar la juntura, mirar las cartas para ver cómo están marcadas.” Charo Amador, Abril de 2005.
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